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Moisés Ramos Rodríguez
Otro fogonazo
“Estamos
escribiendo el mismo poema, siempre” me dice Ramón Méndez
mientras, bajo la lluvia que persiste cerca de las siete de la tarde,
buscamos un nuevo fogonazo. No encuentra los cigarros que busca y
compra otros. Al caminar otra vez por la 4 Sur, me dice: “Admiro a los
árabes porque ahí están: su nombre no, su rostro
tampoco (no buscaban que los conociéramos): está su
poesía”. La lluvia no apaga su cigarro.
Ramón
Méndez es poeta infrarrealista que, con Pedro Damián,
Édgar Altamirano, Ariadna Méndez (hija del fundador del
Movimiento Infrarrealista, Cuauhtémoc Méndez),
Héctor Zeta y el trovador Román Guzmán
Jiménez, estuvieron el sábado pasado en la Casa del
Escritor para una lectura de poesía inédita.
Llegué
al auditorio de la casa refugio cerca de las seis y media de la tarde,
cuando Ramón aullaba, declamaba, oraba, salmodiaba, escenificaba
su poesía. La suya era como una lectura de dramaturgia en atril.
Los que escuchaban los hacían sin moverse, sin salirse de la
silla, aunque poco parecía faltar para que cayeran o salieran
disparada de ella.
Ramón
fue el que más leyó (“me gusta el protagonismo”,
confesó, entre burlas y veras casi cuando iba a concluir el
recital del sábado). Y se dio tiempo para hacer algunas
declaraciones de fe: “La nuestra es una insurrección contra la
poesía oficial”, y una declaración en medio de sus
poemas: “Mario Santiago es el Premio Nobel de la Muerte”.
Mario
Santiago, recordé, es uno de los poetas infrarrealistas
fundadores de este movimiento. En el momento en que Ramón dijo
aquello del Premio Nobel, no pude dejar de pensar en Mario, amigo
mío, con el que largas horas he hablado de él, de Mario
Santiago Papasquiaro, el mismo que murió asesinado en la ciudad
de México por un automovilista, el mismo que salió a
Israel a buscar a Claudia e hizo con ello una vida “como chupamirto /
olisqueando los puntos cardinales de su laboratorio-aprendizaje:
París / Viena / Barcelona & Jerusalem”.
Mientras
Ramón leía, yo recordaba las pláticas, las
remembranzas, la poesía, la imagen de Roberto Bolaño,
Bruno Montané, las hermanas Larrosa, Kyra Galván,
Claudia, Mario Santiago y demás infrarrealistas a través
de los ojos de Mario, mi amigo en Puebla; Poesía,
Revolución, Iluminación, Vida, todo con mayúsculas
porque así vivían esos “Muchachos desnudos bajo el
arcoiris de fuego”. Escuchaba y recordaba.
A
27 años de la aparición del “primer manifiesto
infrarrealista” (octubre-noviembre de 1977, en la Revista infra o Revista
Menstrual del Movimiento Infrarrealista) firmado por Roberto
Bolaño (1953-2003), ahí estaban, en el auditorio de la
Casa del Escritor de Puebla, los sobrevivientes del movimiento y sus
continuadores, con los espíritus de Mario Santiago (24 de
diciembre de 1953-enero de 1998) de Cuauhtémoc Méndez
(1956-2004) y del propio “detective salvaje” Roberto Bolaño,
“Arturo Belano” en su premiada novela Los detectives salvajes.
“Nosotros
somos unos viciosos: nos gustan las drogas y el alcohol” dijo, al hacer
su propia declaración de fe, al cerrar la lectura ya cercanas
las nueve de la noche, Pedro Damián, mientras afuera continuaban
lloviendo y el arcoiris...
Versos malos
Antes
de esta presentación en Puebla, los poetas infrarrealistas
habían estado en Michoacán, donde en septiembre pasado
rindieron un homenaje a Cuauhtémoc Méndez, cuya hija,
Ariadna, leyó en la Casa del Escritor, palabras más,
palabras menos: “Algo tenemos de Roberto Ballarino: a veces escribimos
poemas malos”.
Ramón
Méndez, de su poema “Posdata” leyó: “Es aquí donde
las dulces promesas deben proferirse”, y agregó, sin saberse a
ciencia cierta si era otro poema o nada más otra
declaración de fe: “Estamos desaparecidos desde el principio,
por eso somos infrarrealistas... Nos vale absolutamente madre que nos
publiquen, que nos reconozcan”. Ramón se acercaba a los
realvisceralistas de la novela de Bolaño, que no dejaron tras de
sí nada escrito, pero Méndez fue más allá,
llamó a Bolaño “burócrata de la literatura,
fugitivo del Movimiento Infrarrealista” y “traidor” de la
poesía, pues por ello se dedicó a escribir prosa y a
“inscribirse” en la literatura oficial.
Pedro
Damián, en su oportunidad, aseguró que Bolaño era
“el racionalismo del infrarrealismo”, y explicó de los
infrarrealistas: “Nadie se atreve a cronicar el desastre, y
nosotros lo estamos haciendo, estamos consignando el desastre... La
poesía no es arte, es más bien algo fugaz, y en eso
reside su valor”. Y mientras Méndez se dedicaba a alabar a
Ramón Martínez como “un poeta más grande que
Octavio Paz y Pablo Neruda”, que el mismo José Gorostiza,
Damián contraatacó: “es un viejito chocho”.
Ante
las claras contradicciones entre uno y otro lector, entre uno y otro
poeta, Méndez tuvo que aclarar: “Lo único en lo que
estamos de acuerdo es en volarle la tapa de los sesos a la cultura
oficial”, a lo que Édgar Altamirano respondió: “Pero la
cultura oficial no tiene sesos...”. Méndez rió,
aceptó, atacó a todos los poetas que escriben
“según la escuela de Octavio Paz” y sentenció: “Nosotros
tenemos contra nuestros poemas las opiniones de los demás”.
Una h muda
Antes
de que Héctor Zeta pudiera recitar sus poemas de luminosas
metáforas, llenas de flashback y “get back”,
Ramón Méndez siguió hablando de su hermano muerto:
“Voy a ponerme una h muda en el hocico”, aseguró Ramón
que dijo, antes de morir, su hermano Cuauhtémoc, pero,
confirmación de la realidad o no, el hacedor de la lápida
del poeta infrarrealista, “olvidó” o “perdió” la h en el
nombre y escribió: “Cuautémoc” Méndez.
La
lectura iba subiendo de tono, el trovador Guzmán Jiménez
acompañaba la lectura de la poesía infrarrealista y
cantaba sus propias composiciones o poemas de Mario Santiago con
música suya: “Ramón Méndez es más poeta que
Mario Santiago: ésa es su naturaleza, pese a lo tradicional y
oficial que conserva en su poesía”, afirmó un Pedro
Damián entusiasmado, según el significado original de esa
palabra.
Por
su parte, Ramón explicó que el grupo infrarrealista
nació en los años setenta del pasado siglo, en la unam, cuando los integrantes
del futuro movimiento, asistían al taller de poesía de
Difusión Cultural: “Un día le pedimos a quien
impartía el taller que nos escribiera un informe sobre
poesía. No pudo hacerlo, y todos, incluido él, firmamos
su renuncia, pero a los que corrieron fue a nosotros por señalar
que Bañuelos estaba enfermo de ‘menopausia galopante’”. No
corrieron a Bañuelos, recuerda Méndez: lo dejaron en su
puesto.
Salvajes hasta el final
La
lectura había terminado y ya cerca del portón de la Casa
del Escritor, Héctor Zeta me comentó que su hermano, el
poeta Mario Santiago Papasquiaro seguía escribiendo hasta poco
antes de morir arrollado por un auto: “No se ha aclarado cómo
murió” recuerda.
Respecto
a la amistad con Roberto Bolaño, Héctor aseguró
que siguió hasta la muerte de Mario: “Cuando Roberto
Bolaño se fue a Barcelona, Mario se fue a Israel a buscar a
Claudia, pero también viajó a Viena, a Paris y a
Barcelona, donde se encontró con Roberto, quien le siguió
escribiendo siempre, hasta el final. La suya era una verdadera amistad,
fraterna”.
Héctor
Zeta, quien actualmente vive en Puebla, donde publicó su libro
La xtabay del camino rojo, confirma que la mayoría de la
poesía de su hermano Mario continúa inédita:
“Cuando murió estaba trabajando con Marco Lara Klahr, editor de
Al Este del paraíso, pero no alcanzó a publicar toda su
obra. La mayoría, insisto, está inédita”.
Los
infrarrealistas dejaron en Puebla, así, el libro de Mario
Santiago Papasquiaro: Aullido del cisne, donde leí la
misma noche del sábado: “Poesía atroz / te amo siempre /
Gatees silbes muerdas o vueles / Hembrita mía, coño
encharcado pétalo santo / sin otra opción hurgo en tus
astros / Mi yo eres tú / vamos al rastro: sangre de
pálpitos / Belleza alada rompes mis ancas / Me tras de 1 alba /
De 1 sol obtuso / vidirio de barda / No me regreses / plasma gandalla /
en ti soy otro / pulso mis ganas / Escribo : meo : cojo : rezumo :
bailo con ratas / No hay muerte / No hay calma / Contigo oleajes/ lunas
/Saharas/ El riel de 1 hueco / ¿Qué
hay increado? / No muevo el rostro / No escupo nada / Nomás
te miro / Soy tu destello / Eres mi hacha”.
Gabriela
Guzmán, quien está haciendo su tesis sobre el movimiento
y la poesía infrarrealista me dio la dirección, esa
noche, de la página infra: www.ifrarrealismo.com
preparada por Édgar Altamirano. Ahí se puede leer
completo el “déjenlo
todo, nuevamente. primer manifiesto infrarrealista”: “La muerte
del cisne, el último canto del cisne, el último canto del
cisne negro, no están
en el Bolshoi sino en el dolor y la belleza insoportables de las calles.
”—Un
arcoiris que principia en un cine de mala muerte y que termina en una
fábrica en huelga.
”—Que
la amnesia nunca nos bese en la boca. Que nunca nos bese.
”—Soñábamos
con utopía y nos despertamos gritando.
”—Un
pobre vaquero solitario que regresa a su casa, que es la maravilla.
Hacer aparecer las nuevas sensaciones
—Subvertir la cotidianeidad.
”ok déjenlo todo, nuevamente
”láncense a los caminos” Roberto Bolaño.
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