Lunes 11 de Octubre de 2004
Nosotros estamos consignando el desastre: Pedro Damián
 
Con otros poetas infrarrealistas estuvo en Puebla en una lectura inédita en al ciudad.


 


Moisés Ramos Rodríguez


Otro fogonazo


“Estamos escribiendo el mismo poema, siempre” me dice Ramón Méndez mientras, bajo la lluvia que persiste cerca de las siete de la tarde, buscamos un nuevo fogonazo. No encuentra los cigarros que busca y compra otros. Al caminar otra vez por la 4 Sur, me dice: “Admiro a los árabes porque ahí están: su nombre no, su rostro tampoco (no buscaban que los conociéramos): está su poesía”. La lluvia no apaga su cigarro.


Ramón Méndez es poeta infrarrealista que, con Pedro Damián, Édgar Altamirano, Ariadna Méndez (hija del fundador del Movimiento Infrarrealista, Cuauhtémoc Méndez), Héctor Zeta y el trovador Román Guzmán Jiménez, estuvieron el sábado pasado en la Casa del Escritor para una lectura de poesía inédita.


Llegué al auditorio de la casa refugio cerca de las seis y media de la tarde, cuando Ramón aullaba, declamaba, oraba, salmodiaba, escenificaba su poesía. La suya era como una lectura de dramaturgia en atril. Los que escuchaban los hacían sin moverse, sin salirse de la silla, aunque poco parecía faltar para que cayeran o salieran disparada de ella.


Ramón fue el que más leyó (“me gusta el protagonismo”, confesó, entre burlas y veras casi cuando iba a concluir el recital del sábado). Y se dio tiempo para hacer algunas declaraciones de fe: “La nuestra es una insurrección contra la poesía oficial”, y una declaración en medio de sus poemas: “Mario Santiago es el Premio Nobel de la Muerte”.


Mario Santiago, recordé, es uno de los poetas infrarrealistas fundadores de este movimiento. En el momento en que Ramón dijo aquello del Premio Nobel, no pude dejar de pensar en Mario, amigo mío, con el que largas horas he hablado de él, de Mario Santiago Papasquiaro, el mismo que murió asesinado en la ciudad de México por un automovilista, el mismo que salió a Israel a buscar a Claudia e hizo con ello una vida “como chupamirto / olisqueando los puntos cardinales de su laboratorio-aprendizaje: París / Viena / Barcelona & Jerusalem”.


Mientras Ramón leía, yo recordaba las pláticas, las remembranzas, la poesía, la imagen de Roberto Bolaño, Bruno Montané, las hermanas Larrosa, Kyra Galván, Claudia, Mario Santiago y demás infrarrealistas a través de los ojos de Mario, mi amigo en Puebla; Poesía, Revolución, Iluminación, Vida, todo con mayúsculas porque así vivían esos “Muchachos desnudos bajo el arcoiris de fuego”. Escuchaba y recordaba.


A 27 años de la aparición del “primer manifiesto infrarrealista” (octubre-noviembre de 1977, en la Revista infra o Revista Menstrual del Movimiento Infrarrealista) firmado por Roberto Bolaño (1953-2003), ahí estaban, en el auditorio de la Casa del Escritor de Puebla, los sobrevivientes del movimiento y sus continuadores, con los espíritus de Mario Santiago (24 de diciembre de 1953-enero de 1998) de Cuauhtémoc Méndez (1956-2004) y del propio “detective salvaje” Roberto Bolaño, “Arturo Belano” en su premiada novela Los detectives salvajes.                    


“Nosotros somos unos viciosos: nos gustan las drogas y el alcohol” dijo, al hacer su propia declaración de fe, al cerrar la lectura ya cercanas las nueve de la noche, Pedro Damián, mientras afuera continuaban lloviendo y el arcoiris...


 


Versos malos


Antes de esta presentación en Puebla, los poetas infrarrealistas habían estado en Michoacán, donde en septiembre pasado rindieron un homenaje a Cuauhtémoc Méndez, cuya hija, Ariadna, leyó en la Casa del Escritor, palabras más, palabras menos: “Algo tenemos de Roberto Ballarino: a veces escribimos poemas malos”.


Ramón Méndez, de su poema “Posdata” leyó: “Es aquí donde las dulces promesas deben proferirse”, y agregó, sin saberse a ciencia cierta si era otro poema o nada más otra declaración de fe: “Estamos desaparecidos desde el principio, por eso somos infrarrealistas... Nos vale absolutamente madre que nos publiquen, que nos reconozcan”. Ramón se acercaba a los realvisceralistas de la novela de Bolaño, que no dejaron tras de sí nada escrito, pero Méndez fue más allá, llamó a Bolaño “burócrata de la literatura, fugitivo del Movimiento Infrarrealista” y “traidor” de la poesía, pues por ello se dedicó a escribir prosa y a “inscribirse” en la literatura oficial.


Pedro Damián, en su oportunidad, aseguró que Bolaño era “el racionalismo del infrarrealismo”, y explicó de los infrarrealistas: “Nadie se atreve a cronicar el desastre, y nosotros lo estamos haciendo, estamos consignando el desastre... La poesía no es arte, es más bien algo fugaz, y en eso reside su valor”. Y mientras Méndez se dedicaba a alabar a Ramón Martínez como “un poeta más grande que Octavio Paz y Pablo Neruda”, que el mismo José Gorostiza, Damián contraatacó: “es un viejito chocho”.


Ante las claras contradicciones entre uno y otro lector, entre uno y otro poeta, Méndez tuvo que aclarar: “Lo único en lo que estamos de acuerdo es en volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial”, a lo que Édgar Altamirano respondió: “Pero la cultura oficial no tiene sesos...”. Méndez rió, aceptó, atacó a todos los poetas que escriben “según la escuela de Octavio Paz” y sentenció: “Nosotros tenemos contra nuestros poemas las opiniones de los demás”.


 


Una h muda


Antes de que Héctor Zeta pudiera recitar sus poemas de luminosas metáforas, llenas de flashback y “get back”, Ramón Méndez siguió hablando de su hermano muerto: “Voy a ponerme una h muda en el hocico”, aseguró Ramón que dijo, antes de morir, su hermano Cuauhtémoc, pero, confirmación de la realidad o no, el hacedor de la lápida del poeta infrarrealista, “olvidó” o “perdió” la h en el nombre y escribió: “Cuautémoc” Méndez.


La lectura iba subiendo de tono, el trovador Guzmán Jiménez acompañaba la lectura de la poesía infrarrealista y cantaba sus propias composiciones o poemas de Mario Santiago con música suya: “Ramón Méndez es más poeta que Mario Santiago: ésa es su naturaleza, pese a lo tradicional y oficial que conserva en su poesía”, afirmó un Pedro Damián entusiasmado, según el significado original de esa palabra.                         


Por su parte, Ramón explicó que el grupo infrarrealista nació en los años setenta del pasado siglo, en la unam, cuando los integrantes del futuro movimiento, asistían al taller de poesía de Difusión Cultural: “Un día le pedimos a quien impartía el taller que nos escribiera un informe sobre poesía. No pudo hacerlo, y todos, incluido él, firmamos su renuncia, pero a los que corrieron fue a nosotros por señalar que Bañuelos estaba enfermo de ‘menopausia galopante’”. No corrieron a Bañuelos, recuerda Méndez: lo dejaron en su puesto.


 


Salvajes hasta el final


La lectura había terminado y ya cerca del portón de la Casa del Escritor, Héctor Zeta me comentó que su hermano, el poeta Mario Santiago Papasquiaro seguía escribiendo hasta poco antes de morir arrollado por un auto: “No se ha aclarado cómo murió” recuerda.


Respecto a la amistad con Roberto Bolaño, Héctor aseguró que siguió hasta la muerte de Mario: “Cuando Roberto Bolaño se fue a Barcelona, Mario se fue a Israel a buscar a Claudia, pero también viajó a Viena, a Paris y a Barcelona, donde se encontró con Roberto, quien le siguió escribiendo siempre, hasta el final. La suya era una verdadera amistad, fraterna”.


Héctor Zeta, quien actualmente vive en Puebla, donde publicó su libro La xtabay del camino rojo, confirma que la mayoría de la poesía de su hermano Mario continúa inédita: “Cuando murió estaba trabajando con Marco Lara Klahr, editor de Al Este del paraíso, pero no alcanzó a publicar toda su obra. La mayoría, insisto, está inédita”.


Los infrarrealistas dejaron en Puebla, así, el libro de Mario Santiago Papasquiaro: Aullido del cisne, donde leí la misma noche del sábado: “Poesía atroz / te amo siempre / Gatees silbes muerdas o vueles / Hembrita mía, coño encharcado pétalo santo / sin otra opción hurgo en tus astros / Mi yo eres tú / vamos al rastro: sangre de pálpitos / Belleza alada rompes mis ancas / Me tras de 1 alba / De 1 sol obtuso / vidirio de barda / No me regreses / plasma gandalla / en ti soy otro / pulso mis ganas / Escribo : meo : cojo : rezumo : bailo con ratas / No hay muerte / No hay calma / Contigo oleajes/ lunas /Saharas/ El riel de 1 hueco /  ¿Qué hay increado? / No muevo el rostro / No escupo nada / Nomás te miro / Soy tu destello / Eres mi hacha”.


Gabriela Guzmán, quien está haciendo su tesis sobre el movimiento y la poesía infrarrealista me dio la dirección, esa noche, de la página infra: www.ifrarrealismo.com preparada por Édgar Altamirano. Ahí se puede leer completo el “déjenlo todo, nuevamente. primer manifiesto infrarrealista”: “La muerte del cisne, el último canto del cisne, el último canto del cisne negro, no están en el Bolshoi sino en el dolor y la belleza insoportables de las calles.


”—Un arcoiris que principia en un cine de mala muerte y que termina en una fábrica en huelga.


”—Que la amnesia nunca nos bese en la boca. Que nunca nos bese.


”—Soñábamos con utopía y nos despertamos gritando.


”—Un pobre vaquero solitario que regresa a su casa, que es la maravilla. Hacer aparecer  las nuevas sensaciones —Subvertir la cotidianeidad.


ok déjenlo todo, nuevamente


”láncense a los caminos” Roberto Bolaño.




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